Teresa Camacho Badani

Teresa Camacho Badani, Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny Centro K´ayra de Investigación y Conservación de Anfibios Amenazados de Bolivia

Siempre me han gustado los animales, la naturaleza y, por supuesto, los anfibios. Por suerte, mi familia compartió este interés por la naturaleza, especialmente mi padre, con quien íbamos a los picos más altos de Cochabamba o las tierras bajas de la Amazonía boliviana. Creo que estos viajes me animaronn a convertirme en bióloga.

Cuando comencé mis estudios en la Universidad Mayor de San Simón, apareció una gran oportunidad, necesitaban un técnico en el Centro de Biodic¡versidad y Genética (CBG)  en la Universidad. No tenía experiencia, solo estaba en el tercer semestre de mis estudios, y aunque era una de los estudiantes más jóvenes, pude ser parte de este proyecto. En ese punto encontré mi camino, me fascinaron las maravillas que vi al aire libre, mi país y la diversidad que tenemos. Me convertí en una «bióloga de campo», realizando actividades duras pero agradables, como caminar un día y medio para llegar a una comunidad lejana en el Parque Nacional Isiboro-Sécure, quedarme veinte días sin comunicación y llegar a casa con mi cuerpo lleno de garrapatas. Pero para mí, estar en la naturaleza fue maravilloso.

Teresa Camacho Badani

Juntos continuaremos trabajando en beneficio de la conservación de los anfibios de Bolivia.

 

 

 

 

 

 

Después de terminar este proyecto, fui asistente de investigación en CBG, participando en varios proyectos, inicialmente con herpetofuna alto andina. Al final de mis estudios, estaba buscando un tema de tesis, que esperaba estuviera relacionado con anfibios. Gracias al proyecto Conservación de anfibios de Bosques yungueños de Bolivia con énfasis en especies en peligro de extinción en esta misma institución, pude documentar el estado de la población, la fenología de reproducción y los patrones de actividad de dos especies de anfibios amenazadas que se encuentran solo en los bosques nubosos de Bolivia, el Sapo Quechua (Rhinella quechua) – la especie con el primer registro de hongo quitrído en Bolivia – y el Sapo Silbador (Microkayla iatamasi). Mientras buscaba estas especies, vi otros anfibios únicos, la mayoría de ellos en peligro de extinción. En ese momento, no imaginé que no los volvería a ver, como es el caso de la primera rana acuática que encontré en el campo, la rana de agua de Sehuencas (Telmatobius yuracare).

Después de terminar mi carrera, fui interna en el Zoológico de Amaru en la ciudad de Cuenca, Ecuador. La pasantía fue financiada a través del Fondo de Conservación de Vida Silvestre Disney y el Programa de Conservación de Anfibios del Zoológico de Filadelfia. Durante ese trabajo, me centré en un programa de conservación para sapos arlequín en peligro crítico, ranas marsupiales y ranas venenosas. También ayudé a recopilar datos sobre la historia natural de estas y otras especies, así como a monitorear las últimas poblaciones restantes del jambato verde de Mazán (Atelopus exiguus). Este viaje a Ecuador cambió mi forma de ver la conservación, y cuando obtuve una beca de la Organización de Estados Americanos (OEA), supe que quería estudiar en Ecuador. Sin embargo, la universidad en la que quería estudiar no era parte del consorcio de la OEA. Al final, mi entusiasmo logró convencerlos de que era la mejor opción para mí, por lo que fui a Ecuador. Obtuve mi maestría en biología de la conservación en la Universidad Pontificia del Ecuador en Quito. La División de Herpetología del Museo de Zoología QCAZ me permitió ver muchas especies amenazadas como el Jambato de Andersson (Atelopus palmatus) y el Sapo de Pebas (Atelopus spumarius). Hice grandes amigos y colegas en esta institución.

Después de terminar mi maestría, regresé a Bolivia y empecé a trabajar en el Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny en la ciudad de Cochabamba y fui nombrada rápidamente como Jefe del Departamento de Herpetología. El centro de cría en cautiverio de anfibios del museo en ese momento era un proyecto, pero ahora es un centro de investigación llamado Centro K’ayra, que es el único en Bolivia autorizado por el Ministrio del Ambiente para el manejo ex situ de anfibios y con una licencia para operar como un centro de custodia de vida silvestre.

En el centro de K’ayra, actualmente tenemos varias especies del género Telmatobius e incorporaremos otras especies de otros grupos que están amenazados y que necesitan nuestra ayuda. Tengo un gran equipo multidisciplinario que incluye biólogos, veterinarios, ingenieros ambientales y varios voluntarios de diferentes carreras y universidades. Juntos continuaremos trabajando en beneficio de la conservación de los anfibios de Bolivia.